PORTELA YAIMA, GERMÁN ANTONIO
I. Corpúsculos Corpúsculo es una compilación de más de medio centenar de microrrelatos que fluyen por entre las hendijas de la violencia, los prejuicios, la injusticia y la política, entre otros tantos afluentes impregnados de máculas insondables. En estos brevísimos textos la palabra atrapa las más diversas vertientes de una sociedad que agoniza en sus propias miserias. Esta colección de microrrelatos intenta, como un tropel de dardos envenenados, acertar mediante el lenguaje preciso, dar en el blanco sin que el pulso se altere y sin dar tiempo a la reacción de la víctima. Su extensión, intensidad y cualidades propias del tipornde texto que se expone, dejan ver las cuidadosas cinceladas que hay detrás de esas piezas tersas y a la vez abrasivas y cortantes.rnDe ahí que Corpúsculo sea la reunión de una serie de textos impactantes que salen hoy a la luz, luego de un largo periodo de preparación y acuartelamiento verbal, para lo grar, con el sigilo que ofrece la brevedad narrativa, estirar la mecha que nos llevará hacia los más inesperados caminos.rnII El ruido de las sombras En El ruido de las sombras, de Germán Portela Yaima, confluyen como en un milagro, las distintas vertientes del asombro. Lo hacen con la sigilosa cadencia del silencio, ese u00abcojo lazarillo de la nocheu00bb que silba un réquiem, amontonando en sus labios las notas de un macabro sortilegio, pero también llegan a nosotros como el estribillo de una canción sin compás interpretada en el enloquecedor laúd del lenguaje. En el delicado y vívido tejido de sus imágenes bien logradas, el gozo se destila u00aben las probetas de la nocheu00bb y la angustia u00abse hace espuma entre los labiosu00bb, haciéndonos cautivos de su prodigioso talento y su embaucadora ternura.rnEl ruido de las sombras es una obra magnífica, vital, necesaria, que sacude las fibras más íntimas del lector con su voraz diatriba y lo atrapa en su poderoso influjo, para ayudarle a olvidar que u00abnos fabricaron para ocho horas por jornadau00bb y que después del cataclismo de la madurez en que crucificamos la esperanza y ahogamos la inocencia, no nos queda más que u00abcontar los centavos en las tardesu00bb. Es su voz una melodía en fuga, que, como mágica letanía, en cada uno de sus frenéticos latidos ahuyenta el sino de aquellas almas u00abcondenadas al abandonou00bb.rnLa vida vista a la luz de sus poemas, aunque lleva ese u00absinsabor de una patria personalu00bb que nos transporta de vuelta a la infancia, presiente como un grito a través de la noche, la muerte, a la que intenta seducir, para que nos vista de ausencia, en melancólico delirio ante la figura paterna, ese u00abroble que danza inagotableu00bb, u00abcubre con hermosa desnudez las costras de los añosu00bb, y aún herido, se mantiene vigoroso como el fuego que bulle en estos versos. De singular belleza resulta el poema en homenaje a su padre, como también el que dedica a su madre u2014Reminiscenciau2014. Nos recuerda el autor que todos nos hemos visto o nos veremos atravesados por el dolor de ese adiós que no quisiéramos vivir, y que las expresiones más sinceras del afecto son, quizás, las que nunca nos atrevemos a pronunciar.rnEn las vibrantes páginas de El ruido de las sombras, nos encontramos para danzar al compás del latido mismo de la vida, ante cuya sinfonía, la guitarra u00ababre sus brazosu00bb para u00abfecundar el olvidou00bb y recordarnos que la poesía, la buena poesía, como la de este libro, es ese milagro profano que u00abestalla en las entrañasu00bb y nos u00abmantiene a floteu00bb en medio de las vicisitudes del destino, aún con u00ablas puntas del alma mutiladasu00bb. rnDiana Carol Forero