VANEGAS ATHIAS, BAETRIZ
Es uno de esos poemarios en los que se sale como del cine, como del silencio: con ganas de volver a entrar para que toda la fuerza de lo imaginado y sentido vuelva a anidarse en el pecho, porque de vez en
cuando: los ojos se cierran para habitar la eternidad por un instante. Llorar en el cine también nos trae poemas escritos desde el silencio, no del no hablar, sino del escuchar con la piel, con los ojos, con el
olfato, con la intuición. La poeta Beatriz pronto descubrió que el oído fue menguando y le fue negando el paso al canto del pájaro, a la voz de quien insistía en decirle más alto un, te extraño, o a los boleros que forjaron su corazón.