NATASHA TINIACOS
El poema-pórtico de todo el libro, »Transgénicos (aria)«, ya anuncia una suerte de poética al apuntar simultáneamente a una condición de lo orgánico, pero también a un situación de los lenguajes (nótese este plural) de la contemporaneidad. Se alteran los alimentos, se alteran los cuerpos, pero también se altera el lenguaje de la poesía con la inserción el injerto de los nuevos géneros de comunicación interpersonal, de transmisión electrónica, de refiguración de la experiencia por los nuevos medios. Las significación se complejizan a través del recurso a indicadores de la transformación de la experiencia, incluso la más íntima, a través de estos lenguajes. ¿Cuánta reflexión puede extraerse de algo tan aparentemente inocuo por impensado como la vinculación de lo público y lo privado en este ¿sintagma? #tesiento? ¿No se abre toda una posible reflexión sobre la experiencia en la expresión sombra 2.0?